jueves, 27 de mayo de 2010

Saudade.

Setenta años, seis hijos, algunos nietos, y un bisnieto. Años de pesado caminar, de domingos familiares, de problemas financieros, de nacimientos inesperados, de dolor de hijo. Un marido ausente por años, una jubilación no pedida, y un hombre desconocido durmiendo a su lado. Un entierro sin lagrimas, rosas sin sentido. Un amor invisible recorriendo sus entrañas.

La mujer con  ojos negros de tonalidades azules sobre el cristal de sus pupilas, presencia sus días, aquellos que enumeraron lo que es, y que dejaron en el ataúd de su independencia los sueños de su reflejo juvenil. Largas caminatas resonaban en sus tobillos ya cansados, y las innumerables caídas todavía dolían, sobre todo en invierno.

Toda su descendencia estaba tirada por el mundo, siguieron, si no su sueños, su propia voluntad. Y la casa había quedado vacía por las tardes, fría la cocina esperaba el ajetreo de otras épocas. Mientras en la silla del comedor se veía el ventanal y la tarde iba dejando sus colores al crepúsculo de esa tarde de mayo.

En el jardín, las flores de antes iban renaciendo cada primavera, y al igual que la espera, su corazón suspiraba en que el recuerdo alcanzara la misericordia de aquellos a los que tanto amó.

9 comentarios:

  1. :O

    ME GUSTA: "Largas caminatas resonaban en sus tobillos ya cansados"

    Siempre he pensado que la vida de una persona se refleja en sus zapatos... supongo por que te dicen donde van, de donde vienen, incluso habitos de higiene y preferencias estéticas jaja

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  2. supongo que todos llegaremos a un punto así en nuestras vidas no? habrá que ir creando los mejores recuerdos para que la carga no se haga tan pesada... :)

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  3. Retazos de una vida muy bien contada. Un beso

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  4. Así es de cruel la vida.
    Te va quitando lo que un día te regalo, dejando una gran añoranza.

    Bonito relato.

    Un beso

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  5. En el ocaso de tus días, en el final de tu tiempo, cuando se aproxima la noche, eterna, extensa e interminable, la película de la vida se reinventa repitiéndose en la mente como en cine rotativo.
    Que buen texto, no por la forma, sino por el fondo tristísimo que narra los estertores de una vida que se apaga.
    Realmente conmovedor.
    Gracias por compartirlo.
    Un abrazo!

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  6. A mí, llegado ese momento, me gustaría saber que mi gente está dispersa por el mundo, siguiendo su voluntad.

    Un beso

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